La pintura en polvo para horno es más fiable y
duradera que la pintura líquida, tanto en la aplicación, como en el acabado e incluso para
cuidar el planeta.
Seguramente todo aquel que se haya iniciado en el mundo de la pintura habrá utilizado
pigmentos líquidos, que son las más comunes en el mercado y los más fáciles de usar a niveles
amateur.
Sin embargo, para procesos algo más técnicos, sobre
todo a niveles industriales, se está extendiendo y popularizando la pintura en polvo como
instrumento importante a la hora de culminar determinados trabajos, sobre todo aquellos que
requieren un acabado especialmente cuidado. Esta es, precisamente, la principal diferencia
respecto a la pintura líquida. El polvo aporta una apariencia más compacta, más fina y de mayor
calidad, redondeando los filos y ofreciendo la sensación de que la pintura no es sino una capa
más que recubre la superficie. Los rayos ultravioleta, el agua, la nieve, el hielo, el calor, el
frío o la humedad tardan muchos años en afectar a este tipo de pintura.
Otro factor muy importante, aparte de la
resistencia y del pequeño costo de la pintura en polvo, reside en la protección del
medioambiente. Las pinturas líquidas resultan sumamente tóxicas y emiten sustancias nocivas
para el ecosistema en el que vivimos. Los pigmentos en polvo, en cambio, forman parte de las
llamadas pinturas ecológicas y muestran un impacto ambiental muy bajo ya que los solventes
no aparecen ni en el proceso de aplicación ni en el de fabricación.